NIMD Colombia: Reducir la brecha entre lo prometido y lo construido
El NIMD lleva trabajando en Colombia desde 2010 y ha desempeñado un papel clave en el apoyo a la promoción de la paz desde el histórico acuerdo de 2016 que puso fin al prolongado conflicto de 50 años entre el Gobierno y el grupo guerrillero de las FARC-EP. El acuerdo dio lugar a un proceso de desarme y a la constitución oficial de un partido político de las FARC, conocido ahora como el partido de los Comunes. Sin embargo, el NIMD había sido designado como organización de acompañamiento del proceso de paz, concretamente en la verificación internacional del punto 2 del acuerdo de paz definitivo.
Para Carolina Sarmiento, el Acuerdo de Paz de Colombia de 2016 no fue un punto final, sino un comienzo. Como signataria de dicho acuerdo, expresidiaria política, excombatiente y miembro del partido Comunes, ha dedicado los años posteriores a sortear la brecha entre lo que se prometió y lo que realmente se ha construido. NIMD Colombia la ha acompañado durante gran parte de ese recorrido a través de la mesa redonda multipartidista establecida en el marco del programa LEAP4Peace. Nos sentamos con ella para reflexionar sobre su trayectoria política y cómo se ha materializado la participación en la práctica.
A lo largo de tu trayectoria, ¿cuáles son los hitos más destacados de tu actividad política?
Ocupé el cargo de asesora en materia de género y formé parte del Consejo Asesor de las Mujeres de Bogotá durante casi cinco años. Este último es un órgano de participación ciudadana en el que contamos con un espacio como mujeres firmantes del acuerdo de paz; allí me encargaba de supervisar la aplicación de las políticas públicas dirigidas a las mujeres y a los grupos diversos, trabajando codo con codo con las organizaciones sociales. Estudié Relaciones Internacionales y pronto me graduaré. Además, en las últimas elecciones regionales, me presenté como candidata al consejo local del distrito de Kennedy formando parte de una lista de coalición.
Tu participación política siempre ha estado estrechamente vinculada a la perspectiva femenina. ¿De dónde surge ese compromiso?
Nosotras —y digo “nosotras” porque nunca fui solo yo— siempre ponemos en primer plano la perspectiva de las mujeres. Es un aspecto transversal del acuerdo de paz, y lo consideramos una deuda histórica con las mujeres de Colombia. Como mujer revolucionaria, la defensa de los derechos de las mujeres ya formaba parte de mi práctica. Pero ahora siento que hay mayor claridad. Porque no habrá un país en paz, no habrá un país verdaderamente libre, si las mujeres no disfrutan de un ejercicio genuino de igualdad de género junto a los hombres.
¿Cuáles han sido los principales obstáculos para la participación de las mujeres en la política?
El mero hecho de ser una mujer firmante, una combatiente, ya suponía dificultades. La estigmatización por parte de los medios de comunicación y de los organismos gubernamentales. Y el mero hecho de participar: no poder acceder a espacios que a menudo son profundamente hostiles. Con el tiempo, llegué a comprender que la lucha por acceder a esos espacios es en sí misma una forma de violencia política. No es algo por lo que las mujeres deban tener que luchar. Dentro de nuestro propio partido, hemos mantenido los debates internos necesarios para garantizar que las voces de las mujeres sigan siendo fuertes. Hoy en día hay más mujeres que hombres en la dirección nacional y de distrito, lo que ya supone un gran logro. Pero siguen existiendo barreras en cuanto a los recursos financieros, el acceso a la formación y importantes obstáculos de seguridad. Los partidos tradicionales cuentan con recursos y estructuras de los que nosotras simplemente carecemos. Las mujeres no llegamos con el mismo nivel de preparación porque nos faltan los recursos económicos necesarios. Además, las mujeres de los partidos de clase trabajadora no disfrutan de las mismas condiciones económicas, laborales ni profesionales que las líderes de los partidos tradicionales.

La mesa redonda multipartidista reunió a mujeres de todo el espectro político. ¿Cómo se desarrolló en la práctica ese diálogo que traspasó esas divisiones?
Al principio, nos sentíamos un poco recelosos. Todas las partes estarían allí y, en otros contextos, se trata de nuestros adversarios. Pero nos dijimos: no hace falta que estemos de acuerdo; lo importante es lo que nos une, lo que nos acerca. Y, en la práctica, eso resultó ser más de lo que esperábamos.
Celebramos reuniones sobre la violencia política, en las que reunimos a mujeres líderes del Congreso y de la administración local con organizaciones sociales y mujeres de a pie, para que pudieran conocer mejor el liderazgo femenino en diferentes ámbitos. Organizamos una feria de partidos políticos para que la gente pudiera conocer los distintos partidos y sus actividades. También mantuvimos reuniones con el Ministerio del Interior y la comisión multipartidista, en las que compartimos nuestras experiencias y lo que había vivido cada uno de nuestros partidos, incluyendo cómo se seleccionaban los candidatos a nivel interno. Nos dimos cuenta de que, en algunos partidos tradicionales, la elección se reducía simplemente a quien eligiera el presidente del partido. En nuestro partido, llevamos a cabo un proceso de consulta interna en el que participan todos los afiliados, desde las regiones hasta el ámbito nacional. El contraste fue revelador.
Una cuestión muy importante que surgió fue la necesidad de reforzar los protocolos internos y desarrollar otros comunes para situaciones como los ataques multipartidistas contra las mujeres líderes. Cuando nuestra concejala Luceris, de Ciudad Bolívar, se enfrentó a ataques de los partidos de la oposición, la mesa redonda multipartidista nos apoyó. Nos habíamos reunido en un foro sobre violencia política, habíamos establecido una relación y esa solidaridad se hizo realidad. De lo que nos dimos cuenta, incluso con mujeres de partidos con los que tenemos diferencias ideológicas, es que, como mujeres, hay más cosas que construir que divisiones partidistas. Ideológicamente, tenemos grandes diferencias, pero aquí estamos, juntas en esta lucha. La mesa redonda también fue un espacio para sacar a la luz lo que estaba ocurriendo más allá de Bogotá. Algunas compañeras tuvieron que retirarse de las últimas elecciones regionales porque fueron amenazadas por grupos armados. Planteamos esta cuestión, así como las barreras económicas: el hecho de que las mujeres no llegan menos preparadas no es porque no puedan, sino porque no se ha realizado la inversión necesaria. Es importante que se conozca la realidad de las regiones para que podamos apoyar y contribuir a garantizar que las personas de allí puedan participar de la mejor manera posible.
¿Cómo valora la situación actual de las mujeres en la política y en el proceso de paz en Colombia?
Es difícil. El partido Comunes perdió su personalidad jurídica en las últimas elecciones parlamentarias de marzo de 2026, y eso no ha sido fácil. Más de 400 firmantes han sido asesinados. Nuestros compañeros y compañeras han sufrido amenazas y han tenido que desplazarse. Este año, muchos firmantes también se han enterado de que ya no recibirían su asignación mensual, entre ellos mujeres que son madres, cuyos compañeros han sido asesinados y que ya habían tenido que alejarse de los espacios políticos simplemente para poder seguir adelante con sus vidas.
Y, sin embargo, el partido político actualmente en el poder —el Pacto Histórico— cuenta con la mayor representación femenina en el Congreso. En las recientes elecciones al Congreso para el periodo 2026-2030, el Pacto Histórico representa el 43,3% de las senadoras elegidas. La participación de las mujeres en la política ha mejorado y las organizaciones que la rodean se han fortalecido.
Aunque el número de mujeres en las listas electorales es elevado, el número de las que realmente resultan elegidas sigue siendo muy reducido. Siempre estamos ahí, reforzando las campañas y las coaliciones, pero eso no se refleja en los escaños. Es necesario tomarse en serio esta discrepancia.
¿Cuáles son tus expectativas respecto a la participación política de las mujeres en el futuro?
La plena aplicación del acuerdo de paz, incluido su capítulo sobre género. Nos encontramos en torno al 10 o al 20% de lo que debería ser, pero sigue siendo una herramienta real para medir el progreso y seguir avanzando. Un Congreso verdaderamente reforzado por mujeres que nos representen de verdad, no solo mujeres que consigan entrar, sino mujeres que lideren y den forma a las políticas públicas junto con las organizaciones de mujeres. No cuotas como techo, sino el 50% como mínimo.
Y en las regiones: que sean las mujeres que ya están saliendo a la luz en esos territorios las que den un paso al frente. Tengo plena confianza en que seguiremos avanzando en esta transición democrática y en que esta traerá consigo avances sustanciales en todo lo relacionado con nuestros derechos.
La historia de Carolina apareció en el Informe anual del NIMD de 2025.
Aviso legal: Esta entrevista se realizó en español y ha sido traducida y editada para mayor claridad y concisión.